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Ciudades europeas para visitar con la familia

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Hace solo unos días leía un post de mi compañera Lucy Ortega, donde defendía la idea de viajar con nuestros hijos desde que son pequeños, aún en contra de la teoría esgrimida por muchos para no hacerlo porque “los niños no lo van a acordar”.

No puedo estar más de acuerdo con ella. Mis hijos están acostumbrados a subirse a un avión para ir de vacaciones desde los tres meses de edad y se han convertido en viajeros curiosos con una imagen del mundo mucho más real, cercana. Eso sí, no todos los destinos son válidos para ir con niños pequeños, y menos en verano cuando el calor aprieta y agota.

Tengo una regla: los viajes de vacaciones deben ser 70 % al gusto de los niños y 30 % de vistas culturales. A medida que los peques crecen, la proporción se va igualando. Pero si no queremos que lleguen a odiar ‘las piedras’, mejor dejarles su espacio.

Así que si te seduce la idea de salir al extranjero con tus hijos este verano, pero aún no tienes claro a dónde ir, quizás te interese nuestra selección de las mejores ciudades europeas para visitar con niños en verano. Te aseguro que con mis hijos, todas ellas funcionaron. Y si aún dudas, recuerda que los expertos aseguran que es mejor viajar con tus hijos que comprarles juguetes.

París (Francia)

Todo un clásico en ciudades europeas para visitar con niños. El gran culpable: el parque temático Disneyland París, con el que sueñan los niños desde que son pequeños.

Mientras no crezcan unos años para viajar al paraíso de los parques temáticos en Orlando, este hermano al alcance de la mano, cumplirá todas sus expectativas y más.

No solo podrán saludar a sus personajes favoritos, fotografiarse con ellos y recopilar todos sus autógrafos, sino que además disfrutarán de lo lindo con los espectáculos del parque. ¡Por cierto! Este año han recuperado el del Rey León. Lo vi hace unos años con mi hija y disfrutamos de lo lindo.

Pero París tiene mucho más que ofrecer a los peques. Mi apuesta pasó por subir a la Torre Eiffel y ver el cuadro de la Mona Lisa en el Museo del Louvre, lo que ella me pidió con siete años.

Luego nos aventuramos un poco más con un paseo en barco por el Sena, caminar por los Campos Elíseos hasta el Arco de Triunfo al caer la tarde, la catedral de Notre Dame “para ver con sus propios ojos donde vivía el jorobado” (aunque tras el reciente incendio ahora no luce en todo su esplendor) e incluso visitamos las salas dedicadas a Egipto en el Louvre, hasta que se agotó. Desde entonces, es una forofa egiptóloga.

Pero además París ofrece muchas más atracciones infantiles: Parque Astérix, el Playmobil Fun Park y la Ciudad de los Niños… Hay ideas para todos los gustos.

Y un último consejo: si es posible, reserva una noche para cenar una fondue de chocolate o unos crepes. ¡Los recordarán toda la vida como algo muy especial que hicieron la primera vez que fueron a París con sus padres!

Puerto de la Cruz, Tenerife, Islas Canarias (España)

Cualquiera de nuestras islas es perfecta para visitarla en verano con niños. Pero entre todas ellas, Tenerife es una de mis favoritas.

Mi hijo tenía solo dos meses cuando decidimos apostar por las playas de Tenerife, ya que habíamos estado antes sin ellos y nos pareció un buen destino.

¿Las razones? Playas a elegir con todos los servicios y hoteles muy preparados para familias, por lo que podíamos pasar las horas de más calor en el apartahotel mientras la mayor se divertía en el Club Infantil.

Con una temperatura media todo el año de 24 grados, cuenta con playas indicadas para los niños, en las que no hay peligro de corrientes u oleaje: Las Teresitas (Santa Cruz de Tenerife), y Las Américas, Los Cristianos o Playa Colón, en Arona.

Otra opción en el mismo Puerto de Santa Cruz es el complejo de piscinas del Lago Martiánez, con siete piscinas con agua de mar y un gran lago, que hacen las delicias de los peques.

Pero es que además, con un poco de imaginación, cualquier visita se puede convertir en una gran aventura, con ideas diseñadas para los más pequeños de la casa.

Nosotros apostamos por un viaje en catamarán para disfrutar de la fauna marina, sobre todo de los delfines y calderones que habitan entre la costa sur de Tenerife y la vecina isla de La Gomera. ¡Menuda siesta se pegó el pequeñajo con la brisa marina mientras su hermana no paraba de reír con los saltos de los delfines!

Imposible no subir hasta el Teide, pico más alto de Europa y accesible para niños gracias a su teleférico: en pocos minutos se salvan los más de 1.200 metros de altura que hay entre la base del volcán y La Rambleta, un pequeño andén en la estación superior, a solo 200 metros de la cima más alta de España. Las vistas son espectaculares y el trayecto en la telecabina toda una experiencia para los niños, que por primera vez pueden pisar un volcán.

Y, por supuesto, una visita al Loro Parque (también en el Puerto de la Cruz), que yo recordaba por haber ido con mis padres de niña y que superó mis recuerdos. Este parque zoológico, combina la exhibición de fauna y su conservación a través de programas como la recuperación de animales maltratados en otros centros o los planes de reintroducción de especies en peligro en su hábitat natural. A los niños les encanta el acuario y el hábitat antártico.

Y si aún tienen ganas de más aventuras, bien merece una visita el Museo de la Ciencia y el Cosmos de La Laguna, un centro interactivo donde los niños descubren los secretos de la ciencia y el cosmos a través de la experimentación. Además, especializado en astrofísica, incluye uno de los mejores planetarios de España.

La Valeta (Malta)

Es uno de nuestros viajes en familia más recientes y no por ser menos atractivo, pero sí más desconocido. ¿Lo más atrayente? Para mí sus playas de aguas cristalinas, protegidas del viento y las corrientes por pequeñas entradas en la tierra. Las mejores playas de arena fina son Golden Bay, Ghajn Tuffieha Bay, Ghadira Bay, Paradise Bay y Gnejna Bay.

La isla, según mi punto de vista, es un lugar ideal para combinar ocio y cultura, ya que se puede disfrutar de sus playas y parques temáticos y, a la par, conocer la Ciudad medieval de Mdina y la Valeta, y cenar por ejemplo en el bonito pueblo pesquero de Marsaxlokk, donde admirar sus famosas góndolas (Luzzu), utilizadas para la pesca en todo el archipiélago.

Hay muchas zonas turísticas en la isla con hoteles adaptados a las familias, como Saint Julian’s (muy bien comunicado por transporte público) o St. Paul’s Bay (al norte de la isla), pero quizás la capital sea el mejor centro de operaciones desde donde moverse a otros núcleos de interés. Si decidís visitar su gran riqueza monumental durante el día, no olvidéis acercaros a la Plaza de San Jorge, para que los niños puedan refrescarse con los chorros de agua que emanan del suelo.

Merece la pena coger un barquito turístico o el ferry que une la Valeta con Sliema y las tres ciudades y así poder verlas desde el mar. Una maravillosa forma de que los niños descubran la Europa barroca sin cansarse.

Se sentirán protagonistas de una película de piratas al visitar el Fuerte de San Elmo, construido por la orden de los caballeros de San Juan para mantener a salvo el puerto de La Valeta. Además, desde allí se tiene una visión de casi 360 grados de las dos bahías.

El Mediterráneo Marine Park, en la carretera principal de la costa, alberga una gran variedad de especies marinas que promueve la participación interactiva entre personas y animales. Los niños podrán nadar con delfines, dar de comer a los loros y disfrutar con los espectáculos de delfines o de leones marinos, que intentan concienciar al visitante sobre el cuidado del medioambiente y la fauna del mar.

Otra opción es el parque temático Popeye Village Fun Park (en Mellieha Bay), en un acantilado, escenario donde se grabó la película de Popeye.

Pero también se sentirán como grandes arqueólogos en las cuevas marítimas de Blue Grotto, a donde se accede con unas antiguas barquitas de pescadores. Podéis hace esto por la mañana y, por la tarde acercaros a visitar los templos megalíticos de Hagar Qim, más antiguos que las pirámides egipcias, Patrimonio de la Humanidad.

Y si os sentís con fuerzas, no os podéis perder coger un ferry y visitar la isla de Gozo y pasar un día completo en sus agua y parajes naturales.

Solo un detalle: recuerda si vas a alquilar coche, que conducen por el lado contrario a nosotros, como los ingleses, y que la mayoría de las carreteras son de un solo carril en cada sentido, así que aunque las distancias entre los puntos de interés no son muy largas, los tiempos de desplazamientos son más extensos de los previsto.

Copenhague (Dinamarca)

Los tesoros de esta capital europea familiy friendly, son muy numerosos para viajar con niños. Es tranquila y ordenada, las bicicletas son las reinas de las calles y sus habitantes viven en un entorno tranquilo y seguro. Además, se trata de una bella ciudad en la que perderse y disfrutar de un paseo por sus calles o sus parques.

Imposible aburrirse en la capital del país que inventó los Lego. Eso sí, ten en cuenta que Legoland no está en la capital, sino a 250 kilómetros de distancia en coche, así que si la visita es corta o los peques muy peques, mejor dejarlo para otra ocasión.

Porque Copenhague tiene suficientes opciones de ocio sin tener que salir fuera. Desde los ojos de los niños, quizás me quedaría con los originales parques infantiles, que se encuentran diseminados por toda la ciudad.

Uno de mis favoritos es The Tower Playground, dentro de Fælledparken, el parque más grande de la ciudad. Son réplicas de las torres de los edificios más famosos de la ciudad: la torre del ayuntamiento, la torre de la iglesia de Nuestro Salvador, la Torre Redonda, la cúpula de la Iglesia de Mármol y la torre de la Bolsa de Valores. Todas ellas son lugares de juego de incluso incluyen nuevas tecnologías, sonidos y un pequeño planetario.

Así que si viajas con tus hijos, te aconsejo que entres en la web del estudio de diseño Monstrum, autor de todos ellos, y te hagas un itinerario con los más bonitos, para ir combinando ocio y visita.

Y si buscas naturaleza, el Kongens Have (Jardín del Rey) en el Castillo de Rosenborg, el parque más antiguo (y concurrido) de Copenhague. Es habitual ver a las familias haciendo un picnic y os podéis entretener con una gran colección de esculturas y distintas exposiciones temporales.

Y, por supuesto, hay que encontrar un hueco para visitar a la famosa Sirenita, que hará volar su imaginación, o los jardines del Tivoli, la atracción número uno de Copenhague.

También, si el día no acompaña, puedes aprovechar para visitar Experimentarium, un museo dedicado a la ciencia y tecnología con decenas de actividades y talleres dedicados a ellos para que descubran y experimenten jugando.

O el Museo del Circo (Cirkusmuseet) más grande que existe, y también totalmente interactivo, con miles de piezas en su colección. Los niños pueden tocarlo todo, pulsar botones, abrir escondrijos secretos…

Londres (Reino Unido)

Sin duda alguna, la capital inglesa siempre merece una visita, en cualquier época del año. Particularmente, con niños, prefiero primavera y verano, porque no tienes que comenzar a quitar capas de ropa cada vez que entras en un espacio cerrado. Y es una de esas capitales cerca de casa donde el calor no llega a ahogarte, como puede ser Roma. Así que es perfecta para visitar con nuestros hijos, pero mejor sin el sofocante calor estival.

¿Por que les va a gustar? Por todo. Desde el autobús con dos plantas, las cabinas rojas, los taxis negros con las puertas que se abren al revés, el cambio de guardia en el Buckingham Palace (diario hasta agosto)… Pero también los uniformes de la Guardia Real, la Torre de Londres o las vistas de la ciudad desde London Eye.

Aunque solo sea un ratito, hasta que se cansen, hay que animarles a visitar el British Museum y el Museo de Historia Natural, con entradas gratuitas. Si los dinosaurios son un acierto seguro con los peques, la parte de Egipto del British, también les llama poderosamente la atención (lo digo con conocimineto de causa).

Pero tampoco podéis perderos el paseo por el icónico Hyde Park, donde los niños pueden de comer a las ardillas y ver la estatua de Peter Pan. Y, sin lugar a dudas, la apuesta mágica: el descubrimiento del mundo de Harry Potter para los frikis del mago. Hay empresas que realizan tours temáticos por la ciudad, mostrando los edificios, calles y recintos que inspiraron a J.K. Rowling. Pero también puedes descubrir los lugares por ti mismo, como la Estación de Kings Cross. Lo más aconsejable (según mi humilde opinión) y la edad de los niños, es dedicar un día a la Warner Bros, Studios Tour London, donde se grabaron gran parte de sus famosas películas.

Verano es también una época ideal para daros un paseo en barco por el río Támesis. A mi hijo le gustó mucho el de la compañía London Duck, un vehículo anfibio que hace un tour por las principales calles de la ciudad y luego se sumerge en el agua. Pero las alternativas son muy numerosas.

Barcelona (España)

La ciudad Condal reúne todos los atractivos que busca una familia en verano: playa, ocio infantil y monumentos atrayentes para toda la familia. Y lo mejor de todo, es que lo tenemos muy cerquita.

Bien como destino único, o como parada a otro lugar vacacional, siempre merece una visita. Lo increíble es que ya he estado en Barcelona un montón de veces y en cada visita descubro algo nuevo que me sorprende.

Aunque cada familia descubrirá sus lugares favoritos, quizás recomendaría comenzar por la mañana, antes de que el sol caliente, por el Parque Güell, como un modo de introducirles en esta ciudad tan cosmopolita, donde Gaudí dejó su impronta. Si quieres ver la Escalinata del Dragón, la Sala Hipóstila, la Plaza de la Naturaleza o los Jardines de Austria, te recomiendo que compres la entrada por Internet, para ahorrar colas y dinero.

Una gran sorpresa donde reírse en familia en un lugar al aire libre privilegiado, que parece sacado de un cuento de hadas, es el Laberint d’Horta. Se trata del jardín neoclásico más antiguo de Barcelona (s. XVIII). ¡Cuidado con perderse en el laberinto de cipreses!

Una buena opción para pasar las horas centrales del día, cuando el calor más aprieta, es CosmoCaixa, 50.000 m2 de espacios y exposiciones permanentes como el planetario, el Muro Geológico o el espectacular Bosque Inundado, que nos acercan la ciencia. La entrada es gratuita para los menores de 16 años.

Quizás después, queráis daros un chapuzón en la playa de la Barceloneta, de fácil acceso en metro y, después, un paseo por las Ramblas, donde disfrutarán de lo lindo con las estatuas vivientes, con parada en el Mercado de la Boqueria para tomar un zumo natural, o de visita al atrayente Barrio Gótico y todos sus monumentos. Si tienes tiempo, te recomiendo hacer una pausa en la librería Abracadabra, especializada en literatura infantil y juvenil. Su selección de títulos nacionales e internacionales, de juguetes didácticos y de objetos únicos, enamora y acerca a la lectura.

Pero no todo se ve en un día ni mucho menos. Aún queda la obligatoria visita a la Sagrada Familia, recomendable por la mañana, cuando los peques están descansados. Y, comprando las entradas online, para evitar colas. Les sorprenderá descubrir las torres del templo y saber que se empezó a construir hace ya 132 años y aún está inacabada.

Y después, dependiendo de los días de estancia, puedes hacer hueco para las numerosas actividades de ocio para los niños: desde el parque de atracciones del Tibidabo, al que se puede subir en funicular y que ofrece unas magníficas vistas de la ciudad; el Museo del Chocolate, con talleres para chuparse literalmente los dedos; el Parque de la Ciutadella, que incluso tiene un lago con barquitas y numerosos rincones con encanto, como el invernadero, o las aves exóticos y las palmeras en las que viven.

Oporto (Portugal)

Otro destino atrayente para los amantes de Harry Potter, ya que allí se encuentra la Livraria Lello e Irmao, un histórico y espectacular edificio, que inspiró a J.K. Rowling para describir la librería Florish & Blotts. Fundada en 1869 y ha sido nombrada más de una vez ‘la librería más bonita del mundo’.
Pero esta ciudad portuguesa, una gran desconocida y siempre a la sombra de Lisboa, tiene su encanto particular, y resulta un buen primer destino urbano en el extranjero para ir con niños. Está cerca de España, muy accesible en coche o en avión (a precios muy económicos), tranquilo y fácil de recorrer a pie.

A mi hija le encantaron las vistas de la Ribeira, con sus casitas coloridas apiladas, declarada Patrimonio de la Humanidad. Pero sobre todo disfrutó con el paseo por el Duero en un Rabelo, la embarcación típica de la zona, para ver los seis puentes.

También nos sorprendió el teleférico, en Vilanova de Gaia, aunque particularmente a mí me parece un poco caro: ya que el trayecto solo recorre 600 metros y dura seis minutos. Eso sí, las vistas son espectaculares.

Insustituible el paseo por la tarde por la Ribeira, llena de terrazas y puestos de mercadillo, y la visita a la Estación de tren de São Bento. ¡No sabía dónde mirar entre tanto azulejo antiguo de color azul!

A una corta caminata a pie desde la librería Lello y la Torre de los Clérigos está el Parque del Palacio de Cristal, un pequeño oasis con vistas sobre el río y un parque infantil. Allí se realizan conciertos, ferias de libros…

Pero el rey verde de Oporto es el Parque da Cidade, principal punto de encuentro de los lugareños, con lagos, árboles de todo tipo, patos, gansos, ranas y pájaros, y que llega hasta el mar.

Además, tras las visitas más culturales, Oporto también ofrece playas. No son tan espectaculares como las del Algarve, pero también tienen su encanto. En la zona conocida como Foz, hay rocas, que protegen del viento y crean pequeñas piscinas más calientes para que jueguen los niños.

En Matosinhos, las playas son más abiertas y sin rocas. Pero si te apetece pasar un día de playa, te recomiendo que te acerques con los niños a Aveiro, la conocida como la Venecia portuguesa. Pasaréis un día estupendo montando en bici por la pequeña ciudad con sus casitas pintadas de colores, paseando en barco en una de las embarcaciones típicas, unas góndolas muy coloridas, y os podréis bañar en una de sus preciosas playas de arena. A media hora de distancia en coche o tren de Oporto, merece una visita.

Y si tenéis tiempo, os recomiendo la visita en tren de la localidad cercana de Guimarães, histórica y muy agradable de recorre caminando. Ha sabido conservar perfectamente su ilustre pasado como ciudad natal de Alfonso Henriques, el primer rey de Portugal. Los niños se sentirán como caballeros andantes entre las edificaciones medievales, como el Castillo o el Palacio de los Duques de Braganza.

Rovaniemi (Finlandia)

Finlandia es una pequeña joya escondida muy al norte de Europa, uno de los países con el aire más limpio del mundo y con paisajes irrepetibles, llenos de lagos y bosques.

También su capital, Rovaniemi, puede dar la impresión por su densidad de ser muy pequeña, pero con 8.000 kilómetros cuadrados de extensión, es uno de los municipios de mayor extensión en Europa.

Opino que las alternativas en el centro de la ciudad están muy limitadas a museos (poco atractivos para los niños). El más atrayente es Arktikum, que cuenta con una exposición permanente sobre la historia lapona. Pero basta desplazarse unos pocos kilómetros para disfrutar de un ambiente inigualable.

Además, aunque el Círculo Polar Ártico es el destino soñado de los peques en Navidad, porque allí vive Santa Claus, personalmente creo que incluso se disfruta igual o más en verano, cuando la temperatura es mucho más agradable, hay menos gente y los precios son más económicos.

Y, Papá Noel sigue recibiendo las cartas y las visitas de los niños en su Santa Village, donde también se encuentra Santa Park, un pequeño parque temático orientado a los más pequeños de la casa, que incluye una escuela élfica donde se pueden aprender habilidades de los mágicos ayudantes de Papa Noel, un taller donde verlos trabajar y hasta una tahona, también élfica.

¡Por cierto! Fíjate en la línea blanca impresa en el suelo que cruza la aldea por la mitad: indica que estás cruzando a pie el Círculo Polar Ártico.

Y ya de vuelta a Rovaniemi, toca disfrutar de 24 horas de luz, repletas de actividades, ya que el sol nunca se pone aquí. Aunque el periodo del sol de medianoche oficialmente va desde comienzos de junio hasta comienzos de julio, las noches son blancas durante todo el verano.

Hay tiempo y ocasión para hacer senderismo (recomendado el complejo de Ounasvaara), un crucero en barco por el río, paseos en canoa y kayak con papá y mamá, y distintas excursiones por la naturaleza para ver el sol de medianoche o avistar alces.

Acertarás de pleno si les llevas a visitar alguna granja de renos o de huskies.

Berlín (Alemania)

Llegados a esta ciudad, tengo que reconocer que quizás no soy muy objetiva al describir sus virtudes. Me encanta Berlín y allí me siento como en casa, aunque con una diferencia fundamental: es más fácil de recorrer en bici, con menos tráfico y más llana que Madrid.

Y a partir de ahí, en cada visita toca elegir qué planes hacer con los peques. Digo elegir, porque hay tantas opciones que tenemos que decantarnos por lo que sepamos que más les atrae a nuestros hijos.

En nuestro caso particular, vivimos una inmersión total en el arte, visitando los museos de la Isla de los Museos (Museumsinsel), Patrimonio de la Humanidad. Este conjunto arquitectónico alberga extraordinarias obras como el legendario busto de Nefertiti, el Altar de Pérgamo o la imponente Puerta de Ishtar. Te dejan con la boca abierta.

Y justo a la salida de la isla, pegado al río, el Museo de la República Democrática Alemana. ¡Nunca pensé que iban a divertirse tanto probándose ropa, uniformes o cascos, conduciendo icónicos coches, intentando averiguar cómo se usaban los teléfonos sin botones o teclear una frase en una máquina de escribir! No querían salir de allí.

Pero Berlín tiene muchos más museos interesantes: alrededor de 170, muchos de ellos pensados para los niños, y es imposible verlos todos. Un buen primer acercamiento a la historia de la ciudad es una visita al Museo de Historia Alemana y al Museo Judío, aunque para mis hijos resultó muy duro conocer de cerca tantas historias trágicas, por lo que decidimos no llevarles al Campo de concentración de Sachsenhausen, a media hora en tren de Berlín.

Si tenéis tiempo, no podéis dejar de visitar el Spy Museum, muy cerca de la Potsdamer Platz. Descubriréis objetos curiosos utilizados para espiar desde la Guerra Fría hasta el presente. Nos encantó poder fotografiarnos juntos disfrazados de agentes secretos e intentar pasar (sin éxito, tengo que reconocer) el laberinto de rayos láser a prueba de espías.

El Museo Checkpoint Charlie está dedicado al Muro de Berlín y a quienes intentaban cruzar el paso fronterizo más famoso entre Berlín del Este y Oeste, el Checkpoint Charlie. Y allí uno se sorprende comprobando los ingeniosos escondites y métodos idedados por los habitantes de Berlín del Este para cruzar al otro lado, como escondidos en el motor, o bien debajo de la funda de un asiento. En la calle, enfrente del museo, aún se puede ver el sitio exacto donde estaba el famoso punto de control americano, donde seguro que los niños querrán sacarse una foto.

Los niños (y mayores, todo hay que decirlo) aprendemos y nos sorprendemos recorriendo el subsuelo de la ciudad. En la ciudad subterránea de Berliner Unterwelten, se visitan los búnkers y túneles construidos durante el declive alemán en la II Guerra Mundial para protegerse de los bombardeos. Y durante la Guerra Fría adquirieron especial importancia y fueron mejorados y preparados para un posible conflicto.

Y como no todo tienen que ser museos, hay que sacar tiempo para acercarnos caminando o en bicicleta a la Torre de la Televisión y subir para disfrutar de sus impresionantes vistas, fotografiarse con la famosa Puerta de Brandenburgo y visitar el edificio del Reigstag. La visita por la noche, al alto de la impresionante cúpula, es gratuita.

Y mucho más que ver. ¿Cómo resistirse a caminar por la East Side Gallery, la mayor parte del Muro de Berlín que todavía sigue en pie, decorado con murales de 100 artistas de todo el mundo? Fotografiarse delante del mural del beso entre el líder de la antigua URSS Leonid Brezhnev y el jefe de estado de la RDA Erich Honecker es un clásico.

Pero también la visita a la cercana ciudad monumental de Postdam, antigua residencia de los reyes prusianos y los kaisers alemanes, catalogada como Patrimonio de la Humanidad. A solo 20 kilómetros de Berlín, los niños vivirán de cerca la historia al visitar el Palacio de Cecilienhof, una enorme casa de campo inglesa, el que se redactó la Conferencia de Potsdam. O el Palacio Sanssouci, considerado a menudo el Versalles alemán.

Y más, mucho más… Berlín merece muchas visitas.

Bruselas (Bélgica)
Brujas
Gante, Brujas, Amberes, Lovaina… Son algunas de las ciudades de Flandes que se presentan como una perfecta opción para pasar unos días en familia y realizar vuestro primero ‘road trip’. Todas son ciudades fáciles de recorrer andando y, como están a poca distancia unas de otras, permiten moverse entre ellas en coche o tren.

Si me permites un consejo, yo llegaría a Bruselas en avión y alquilaría un coche en el aeropuerto para moverme. Con niños es la opción más cómoda y menos cansada.

Nosotros nos quedamos a dormir en Brujas, como ‘centro de operaciones’, para mi la más bonita y tranquila de todas, en un barco desde donde los niños podían dar de comer a los patos.

Además, sus plazas y callejuelas parecen salidas de los cuentos de hadas y resulta maravilloso navegar por su canales o pasear por sus orillas.

Y desde allí, visitamos Bruselas, referencia de la Unión Europea. Les gustará visitar el Parlamentarium y descubrir a través de herramientas interactivas cómo funciona el Parlamento Europeo, que tanto sale en los informativos de la tele.

Obligada visita es el Atomium, uno de los dos símbolos de Bruselas y monumento producto de la Exposición Universal de 1958, al que se puede subir por tubos y esferas. Si tenéis tiempo, a sus pies está MiniEuropa, 300 maquetas para viajar por los principales monumentos europeos en apenas unas horas.

Tampoco te puedes perder la Grand Place, el centro de la ciudad, una plaza completamente adoquinada y rodeada por monumentos históricos. Y justo al salir de ella, hay que buscar el Manneken Pis, una estatua de poco más de 50 centímetros que muestra a un niño desnudo haciendo pis en una fuente y que se ha convertido en símbolo de Bruselas.

Y, para relajarse, un paseo por la ruta del cómic, donde se pueden ver pintadas en las fachadas, escenas de Tintín, Astérix, Lucky Luck…

Otra ciudad que no hay que perderse es Gante. Si decides visitarla, puedes subir a las Torres de Belfort (con fantásticas vistas de la ciudad), visitar la Catedral de San Bavon y la iglesia de San Nicolás. A los niños les encanta el castillo de los condes de Flandes.

¡Un pequeño consejo! Si quieres que el viaje sea inolvidable para ellos, déjales probar algunos de los maravillosos chocolates belgas. ¡Le encantarán las fuentes de chocolate donde bañar trozos de fruta y las fondues! Y si hay tiempo, acercaros a Amberes y a su Museo Chocolate Nation, entre otras visitas interesantes.

Alghero, Cerdeña (Italia)

Aunque cualquier época del año es fantástica para visitar la isla de Cerdeña con niños, sin duda alguna el verano es el momento álgido, si os gusta la playa.

Y es que si disfrutan chapoteando en el mar, no querrán irse de aquí. Pequeñas calas diseminadas por toda la costa, de colores azules y turquesa completamente transparentes, sin olas, con fondos marinos llenos de peces, esponjas, gusanos, moluscos, crustáceos… que, con poca profundidad, incluso pueden verse sin necesidad de sumergir la cabeza en el agua.

Sin duda alguna, este es el paraíso para hacer snorkel con los niños y que aprendan a disfrutar de los habitantes del mar. Si aún son pequeños para las gafas y el tubo, puedes optar por la máscara de snorkel de Decathlon, que no deja pasar el agua y respirar sin problemas.

Difícil elegir alguna calita en concreto, porque hay muchas opciones. Mi recomendación es quedarse cerca de Alguero (Alguer) o Cagliari, destinos a donde llega el ferry desde España. Y, entre ellos, prefiero el primero para ir con niños, más pequeño, con un centro monumental muy interesante y agradable para recorrer paseando.

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Por eso, aunque a mi opinión merece la pena recorrer algo de al isla para pisar alguna de las calas más espectaculares (como Spiaggia di Liscia Ruja, una de las mejores playas de la famosa Costa Esmeralda), me quedaría con calas cercanas a Alghero, que son también increíbles.

Algunas opciones para ir con niños: Playa della Speranza, Capriccioli, Lazzaretto. Pero también puedes preguntar donde os hospedéis (buenos campings, muchos B&B), apartamentos de alquiler… Hay tantas calas, que difícil elegir.

Va a resultaros difícil alejar a los peques del agua tan calentita y que no cubre, casi piscinas naturales, pero si lo lográis, os recomiendo que os acerquéis al parque natural de Porto Conte, con el magnífico Capo Caccia (cabo) y la Punta del Giglio; o la sierra de Linas (Cerca de Cagliari), con los valles de Castangias, Coxinas o Narti, la cascada de Spendula Sa, con sus tres saltos, o las de la Piscina de Irgas.

En uno de los acantilados de Cabo Caccia, a solo 24 kilómetros de Alghero, no podéis perderos la Grotta di Nettuno o la Grotta Verde. La única pega: 600 escalones paar entrar a la cueva. Si quiers salvarlos, puedes coger un pequeño ferry en el puerto de Alghero que, tras una travesía de unos 45 minutos bordeando la costa, te deja en la misma entrada.

Y museos, tesoros arquitectónicos, como la ciudad romana de Ostia, los miles de Nuragues dispersos por toda la isla, las Tumbas de Gigantes (Tombe dei giganti)…

Oslo (Noruega)

La capital noruega es una de esas ciudades fáciles de visitar con niños pequeños, muy accesible y segura. Pero además, tiene muchas cosas que ver y disfrutar.

Los peques no querrán salir del Museo Fram, donde se exhibe el barco polar Fram, al que puedes subir a bordo para conocer de primera mano todas sus estancias y como vivían los exploradores en sus expediciones a los rincones más gélidos del planeta. El museo tiene experiencias interactivas especialmente para los niños (y no tan niños)…

Pero también disfrutarán en el Museo de los barcos vikingos, muy cerca del anterior. Se exhiben modelos reales de más de mil años, que se encontraron en el fiordo de Oslo y sirvieron como barcos funerarios. También se exponen trineos, tejidos, objetos domésticos y un carro vikingo.

En la misma península de Bygdøy, se encuentra el Museo al aire libre del pueblo noruego, donde se exponen 155 casas tradicionales de toda Noruega. Durante el verano también hay actividades para los niños, bailes tradicionales y una pequeña granja con animales domésticos.

Y para que experimenten y toquen todo, el Museo Norsk Teknisk, el Museo Nacional de tecnología, industria, ciencia y medicina. 10.000 metros cuadrados de exposiciones sobre tecnología, industria, comunicación, energía y salud, que apuesta por el aprendizaje interactivo y los juegos. Además, incluye un centro de Robots y Planetario.

En el Parque Vigeland, los niños (y grandes) se sorprenderán con las 200 estatuas gigantescas que reproducen personajes que realizan escenas de la vida cotidiana. Y cuando se cansen de verlas, pueden divertirse en una zona de juegos infantiles, que incluye un castillo y toboganes.

Y si el calor aprieta, nada mejor que coger el ferry a alguna de las islas del Fiordo de Oslo, como la isla de Hovedøya, a solo 10 minutos de la ciudad. Reserva natural, su flora y su fauna están protegidas, y es un remanso de paz para disfrutar de un día en una de sus playas, en plena naturaleza.

Pero si lo de tu familia es la montaña y la aventura, podéis animaros a acercaros hasta Holmenkollen, a las afueras de la ciudad, donde se encuentra el trampolín de saltos de esquí de Oslo y desde donde se pueden sacar las mejores fotografías panorámicas del fiordo. Y aunque en verano no hay nieve, sí que podéis sentiros igual que los saltadores, gracias a su simulador de esquí y ¡la tirolina de 361 metros!

Y si aún queda tiempo y ganas, la oferta no termina: Parque de escalada de Tryvann, Parque de Atracciones TusenFryd (con zonas de baño), el Museo Internacional de Arte Infantil, el centro del Premio Nobel de la Paz y, por supuesto, la Fortaleza Akershus, a la que se accede por un puente levadizo. Aquí los niños se sentirán como auténticos caballeros. La entrada es gratuita, así que se convierte en un recinto ideal para pasear y descansar a caer la tarde.

Marrakech (Marruecos)

No me he vuelto loca. Sé que no queda en Europa, pero es muy accesible desde España y está más cerca que muchas otras ciudades europeas. Y te aseguro que la visita supondrá un nuevo mundo de olores, colores y sabores para tus pequeños.

Eso sí, hay que procurar no visitar los monumentos a las horas más calurosas del día y si es posible, evitar el mes de agosto. Por suerte, lo más atrayente son sus estrechos zocos, protegidos del sol. Y si admites un consejo, me decantaría por alojarme en un Riad con piscina para que no tengan que renunciar a sus chapuzones diarios. Lo cierto es que hay mucha oferta donde elegir, con precios asequibles.

Pero si hay un lugar donde los niños (y los adultos) disfrutan a lo grande es en las Cascadas de Ouzoud, a 150 kilómetros de Marrakech. Son las más espectaculares del norte de África, con una caída de agua de unos 110 metros de altura. Os podéis bañar en la base de la cascada y disfrutar de un entorno privilegiado, donde incluso te reciben los monos. Puedes comer en un restaurante regional con vistas a la cascada y con precios muy razonables.

Y, por la noche llega la visita ineludible es la Plaza de Jemaa Fna, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Les fascinará la vida de la plaza, con vendedores de pastillas de frutos secos y miel, puestos callejeros para comer, corrillos de cantes y bailes, cuenta-cuentos, juegos simples, encantadores de cobras, aguadores, músicos gnawas…

Pero si quieres que entiendan mejor el país y la zona, puedes decantarte por una excursión al desierto, con paseo en camello hasta el campamento y durmiendo al aire libre (dos días son suficientes para los niños). Aunque las dunas no son tan espectaculares como las del Sáhara, contemplar el cielo será una experiencia inolvidable para todos.

De camino al desierto pasaréis por Ouarzazate, conocida como la puerta del desierto, que alberga el estudio cinematográfico Atlas, el Hollywood del desierto, donde se puede entrar para ver los decorados de películas que se rodaron allí como Lawrence de Arabia, Alejandro Magno, La Momia, Star Wars, La Joya del Nilo, Gladiator o El Reino de los Cielos.

Pero la visita estrella de la excursión al desierto es la kasbah Ait Ben Haddou, un espectacular pueblo de adobe y arcilla, todavía habitada, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y escenario perfecto de películas como Gladiator o Lawrence de Arabia.

También desde Marrakech puedes acercarte a alguna de su playas. La más bonita quizás sea la Essaouira, una larguísima playa de arena blanca a dos horas en coche de la ciudad roja, y abierta al Atlántico.

Pero estas son solo algunas posibilidades para las familias muy ruteras. Si preferís unos días más tranquilos, no necesitaréis salir de la ciudad para que los niños se lo pasen en grande. Y si al final optáis por alguna excursión, regatear antes de contratarla y no os fiéis de los ‘precios oficiales. ¡Los descuentos pueden ser superiores al 50 por ciento!

Rekiavik (Islandia)

Cierto que en verano no es posible apreciar las hermosas auroras boreales, pero también no se puede negar que es más agradable visitar Islandia cuando el frío no aprieta. En junio, julio y agosto los peques (y no tan peques) se lo pasarán en grande en una ciudad que sorprende por su limpieza, seguridad, fácil de recorrer a pie y con accesibilidad a la naturaleza.

Hay muchas actividades interesantes en Reikiavik: ya sea chapoteando en alguna de las 18 piscinas termales de la zona (como las piscinas de Laugardalslaug o la playa geotérmica de Nauthólsvík), probándose una armadura vikinga y conociendo cómo era su forma de vida (en Viking Village de Fjörukráin) o viendo de cerca animales autóctonos de Islandia (Parque Laugardalur).

Si estás pensando ir, pide información, ya que dispone de numerosas instalaciones culturales, de ocio y deportivas, muchas de las cuales tienen secciones y actividades especialmente diseñadas para los niños. Eventos memorables en verano son el Festival Vikingo (13-17 junio), Día de la Independencia (17 de junio) y Noche Cultural de Reykjavík (24 de agosto).

Pero también les gustará el arte callejero que llenará la ciudad (del 29 de junio al 6 de julio), subir a la cima del majestuoso monte Esja, montar a caballo por campos de lava rocosa o avistar ballenas y frailecillos en una excursión en barco desde el antiguo puerto.

En el museo Perlan aprenderán mucho sobre los glaciares, las formas de vida y viajaréis a través de una cueva de hielo. Además, desde la parte alta, se disfrutan de unas vistas 360º de la ciudad. Y ya con la caída del sol, tras visitar la catedral de Hallgrímskirkja, (les sorprenderá por su forma, que recuerda a una nave espacial) es el mejor momento para acercarse al lago Tjörn y permitir que den de comer a los patos, cisnes y gansos que nadan en sus aguas. ¡Las fotos serán de postal!

Amsterdam (Holanda)

Una escapada perfecta de tres o cuatro días, para que disfruten de la magia de pasear en barco por sus canales y de la posibilidad de recorrer la ciudad en bici con total seguridad, aunque sea en la misma que papá y mamá.

Pero esta activa ciudad de los Países Bajos, tiene mucho más que ofrecer a las familias. Un indispensable es la casa museo de Ana Frank, donde los niños se acercarán a uno de los testimonios más cercanos de lo que supuso la persecución a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Solo un consejo: procura comprar las entrada online antes la visita, para evitar colas interminables que pueden cansar a los pequeños.

Además, Amsterdam está repleta de arte. Una de las visitas favoritas de mi hija en la ciudad fue el Museo de Van Gogh. Se le iluminaban los ojos con los cuadros del famoso pintor holandés y no pudo resistirse a comprar una lámina de ‘Los girasoles’ para colgarla en su habitación. ¡Y la entrada es gratuita para los menores!

También es muy recomendable visitar el Mercado de las Flores (inagurado en 1862), y dejarse deslumbrar por los colores de cientos de tulipanes, el símbolo de Holanda. En bici también podéis acercaros al Parque Vondelpark, con una extensión de 45 hectáreas, donde encontraréis numerosos parques infantiles y un teatro al aire libre, con espectáculos musicales y de danza.

Otra visita que nunca falla con mi hijo, son los museos interactivos, que te permiten experimentar y tocarlo todo. En Amsterdam está el Museo de Ciencias NEMO, situado en un edificio con forma de barco. Desde su mirador se disfrutan de unas vistas fantásticas de la ciudad.

Y si el calor aprieta y queréis refrescaros, podéis hacerlo en algunas de las playas. Sí, existen. La playa Strand Zuid se encuentra entre el parque de exposiciones Amsterdam RAI y el Beatrixpark (Europaplein 22), y te ofrece más de 2.000 m2 de playa creada por el hombre. Aunque no dispone de instalaciones para bañarse, sí tiene duchas por si necesitas refrescarte y una amplia variedad de actividades para los niños y cancha de voleibol, mientras los padres se relajan en una hamaca escuchando música o tomándose un coctel.

Y si buscas una playa de baño, Sloterplas. En el lago podréis jugar al voleibol, participar en programas deportivos y de juegos, e incluso asistir a espectáculos y festivales.

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